Una historia de superación la vida de Andrew Carnegie.

 

Una historia de superación es la vida de Andrew Carnegie, quien nació en Escocia dentro de una familia humilde que emigró hacia los Estados Unidos en 1848  y  gracias a su esfuerzo personal, sentido de los negocios y saber aprovechar las oportunidades llegó a ser uno de los hombres más ricos del mundo.

Su trayectoria de superación comenzó como peón a los 13 años en una fábrica de algodón donde laboraba durante doce horas, seis días a la semana. Posteriormente logró convertirse en telegrafista con un salario máximo de dos dólares a la semana, pero mientras desarrollaba esa labor no dejaba de leer todo lo que le llegaba a sus manos para continuar su superación. En 1853 con 18 años podemos decir que comenzó su escalada hacia el éxito, porque lo contrataron en la “Pennsylvania Railroad Company” como secretario y telegrafista donde ascendió de manera gradual, pero sin detenerse. Fue en esa empresa donde invirtió su dinero ahorrado en un negocio de coches camas que al final resultó la base para el crecimiento de su fortuna.

Esa acumulación de capital le permitió crear el “Carnegie Steel Company”. También hizo fortuna como vendedor de bonos para financiar empresas angloamericanas en Europa. Sin embargo el acero fue el que lo lanzó hacia la cúspide.  La demanda de productos derivados del hierro, así como un centenar de otros productos industriales, hicieron de Pittsburgh un centro de producción durante el tiempo de la guerra. Carnegie trabajó con otros para montar un laminador de acero, aumentar la producción de acero y hacerse con el control de la industria, lo que supondría la fuente de su fortuna.

Sin embargo ganar tanto dinero lo impulsó a creer que debía compartir sus riquezas con otros y ese convencimiento lo obligó a decir lo siguiente: “¡Me propongo asignar un sueldo no mayor de 50.000  dólares! ¡Aparte de esto necesito cada ganancia, sin hacer ningún esfuerzo por incrementar mi fortuna, para gastar el superávit de cada año para causas nobles! Dejemos a un lado los negocios para siempre, excepto para los demás. Vayámonos a Oxford y obtener una educación concienzuda, adquiriendo el conocimiento de un hombre de letras.”, dijo.

OBLIGACION DE LOS RICOS.

Carnegie fue quizás el primero en declarar públicamente que los ricos tienen una obligación moral de compartir sus riquezas con los menos afortunados. En 1889 escribió el “Gospel de la abundancia” en la revista “Pall Mall Gazette”, un  artículo  sujeto a muchas discusiones donde afirmó que la vida de un acaudalado empresario debía comprender dos partes. La primera parte era la reunión y acumulación de riqueza. La segunda parte era para la subsiguiente distribución de esa riqueza para causas nobles. La filantropía era el camino para hacer que la vida valiera la pena.

Sus primeras grandes donaciones fueron hechas a su ciudad nativa, Dumferline, Escocia donde erigió espaciosas piscinas y baños en 1879. Al año siguiente, Carnegie donó 40.000 dólares para la creación de una biblioteca pública en  esa ciudad. Luego en 1884, hizo una donación de 50.000 dólares al Colegio Médico del Hospital Bellevue (hoy parte del Centro Médico de la Universidad de Nueva York) para fundar un laboratorio histológico, hoy llamado el Laboratorio Carnegie.

Durante toda su vida Carnegie demostró un interés especial por el establecimiento de las bibliotecas públicas gratuitas. Existían solamente algunas bibliotecas públicas en el mundo cuando, en 1881, Carnegie comenzó a promover su idea y gracias a esa convicción su corporación invirtió posteriormente 56 millones de dólares para construir 2.509 bibliotecas a través del mundo de habla inglesa.

Carnegie dedicó toda su vida a la filantropía. Donó millones de dólares en la reconstrucción de Johnstown. Donó durante la mayor parte de su vida millones de dólares a su causa favorita: la construcción de bibliotecas.  Su obra filantrópica se encuentra en diferentes  sectores como el Laboratorio Carnegie del Centro Médico de la Universidad de Nueva York; la  Carnegie Mellon Unversity ubicada en Pittsburg, USA; el Fondo Carnegie para la Paz Internacional  e investigaciones científicas y el   Carnegie Museums of Pittsburg, Carnegie Hall of Music.

Carnegie murió el 11 de agosto de 1919, sin embargo su legado queda vivo hoy en día por el altruismo que demostró en vida. Su fortuna  fue considerada por la revista Forbes en el 2007   en un valor de $298.300 millones de dólares. El muchacho escocés que comenzó de peón en una hilandería quería que lo recordaran por el bien que había hecho.

Su filosofía la recogió luego muy  bien Napoleón Hill en el célebre libro “Piense y hágase rico”  que debe ser de consulta para quienes comienzan el camino del emprendimiento