Renunciar a un trabajo sin otro a la espera es difícil situación.

 

 

      La palabra renunciar tiene una fuerte resonancia en la vida laborar y es mas peliaguda cuando la decisión se toma sin tener un respaldo, es decir contar con otro trabajo a la espera, pero  a veces es necesario marcharse de un puesto sin mas nada, solo dejarlo ir porque no tomar esa decisión podría perjudicarlos en su desarrollo personal.

      La coach Priscilla Claman, presidenta de la empresa Career Strategies, Inc, afirmó a un medio de prensa que la gente odia renunciar de un trabajo sin tener otro esperándole, no solo porque las empresas prefieran contratar a personas que ya están trabajando, sino porque también parece un fracaso. “Irse de un puesto sin tener otro previsto da la sensación de que la persona, no pudo aguantar la presión”., dijo y agregó : ¨A veces es necesario dejar un trabajo”.

Hay dos momentos en los que debe considerar renunciar sin tener otro empleo acordado:

Cuando cree que sucede algo ilegal o poco ético en el trabajo y le preocupa que le haga quedar mal.

  • Cuando su trabajo actual perjudica su salud y vida fuera del trabajo.La Claman ofrece estas recomendaciones para aquellos que se encuentran en esta situación tan complicada.

   Antes de renunciar necesita elaborar un plan que incluya cuándo y cómo va a presentar su dimisión, a quién pedirá recomendaciones y, de forma más crítica, qué va a decir acerca de sus motivos.

   Aquí detallamos unos ejemplos: Una mujer fundó una empresa con dos amigos de la escuela de negocios. Cuando se enteró unos años después de que sus socios podrían estar estafando a sus clientes,  ella se percato de que había llegado el momento de salir de la empresa. Probablemente no solo perdería su puesto, sino también su inversión en la empresa. Pero quedarse en la compañía no era una opción cuando algo mucho más valioso estaba en juego: su reputación.

     Elaboró un buen plan. Contrató un abogado para entender mejor sus obligaciones, fijó una fecha para presentar su dimisión, y escribió una carta de renuncia con un elaborado razonamiento sobre su salida. Decía: “Ha sido muy emocionante trabajar con vosotros en esta start-up. No lo cambiaría por nada del mundo. Pero ahora me conozco un poco mejor [a mí misma]. No puedo sentirme cómoda con la falta de estructura y organización.”.

      Entonces, contactó y se aseguró sus potenciales referencias: un antiguo jefe, un cliente actual y un compañero actual. Todos avalaron sus motivos para dejar el trabajo, pero no compartió sus sospechas sobre sus socios con ninguna de sus referencias porque no habían sido demostradas. Beth se fue con su reputación intacta y encontró otro trabajo en apenas cuatro meses.

     Un hombre era un entregado vicepresidente de una empresa que había pasado por una fusión difícil. Paul tiene tres hijos, uno de los cuales presenta necesidades educativas especiales. Antes de la fusión se le consideraba una estrella. Después, en cambio, parecía incapaz de hacer nada que complaciera al nuevo equipo directivo. El hombre se percató de que, uno por uno, sus compañeros de antes de la fusión o bien les despedían o les forzaban hasta abandonar. Sin embargo estaba comprometido con sobrevivir por el bien de su familia.

    Pero el trabajo le pasó factura. Engordó 14 kilos y sufría náuseas cada mañana al acudir al trabajo. Tenía tanta ansiedad que su familia y amigos empezaron a preocuparse. Cuando su médico expresó las mismas preocupaciones, entonces supo que tenía que marcharse tuviera o no otro trabajo en la recámara. El problema era que estaba bajo vigilancia y trabajaba demasiadas horas como para buscar un nuevo trabajo. Estaba tan estresado que tampoco lo haría bien en las entrevistas.

  Elaboró un plan. Recopiló referencias sobre sí mismo, sobre todo del equipo de dirección anterior a la fusión. Entonces, fijó una fecha para dimitir y preparó una carta que no decía nada sobre su estado de salud, pero en la que agradecía a sus superiores haber mantenido su puesto después de la fusión. Les daba las gracias por todo lo que había aprendido, aunque indicaba que buscaba reedirigir su carrera más hacia las ventas y el marketing.

Nunca dijo: “¡Me pusiste literalmente enfermo!”. Sabía que alguien podría querer contactar con esos superiores para preguntar por él; quería que al menos diesen una valoración neutra. Su plan funcionó. Sus referencias de antes de la fusión le ayudaron a encontrar un nuevo trabajo.

El plan perfecto para dimitir en cuatro pasos

  1. Elabore un plan para cómo va a dimitir, a quién se lo comunicará y cuándo exactamente. Póngalo en su calendario. ¿A quién más deberá informar en cuanto haya presentado su renuncia? Añádalos a su plan.
  2. Busque tres buenas referencias sobre su trabajo. Al menos una de las referencias debería salir de su empresa actual. Si prefiere no pedirlo a su jefe, pídala a un compañero, subordinado y cliente.
  3. Redacte una breve carta de renuncia. El documento debería incluir un agradecimiento para su empleador actual y una dirección profesional nueva creíble. Incluso si tiene planes de dimitir en persona, lleve esa carta a la reunión y entréguesela directamente a la persona responsable. Asegúrese de no echar las culpas a nadie, ni siquiera a sí mismo. Podría pasarle factura más adelante.
  4. Ejecute el plan. El día después de despedirse será el primer día del resto de su carrera.